sábado, 30 de octubre de 2010

Azul de un solo ojo

Somos como dioses repetia ella una y otra vez mientras se retorcia sobre el escenario haciendo el esfuerzo sublime de ejecutar sus pasos programados de danza. Somos como dioses y dueños de todo el universo, de todas las manos decia mientras se miraba las manos, de todo los intestinos y su paso ya era colocarse sobre el suelo apoyada en sus rodillas tendiendo la espalda hacia atras, de todo el vientre, tambien extendia sus brazos hacia atras, ella estaba hecha un ovillo de piernas dobladas y costillas sobresalientes, busto bajo el vestido blanco de tela suave que traslucia la docilidad de los musculos. Ventura, alegria, por fin paz. Somos como dioses... dueños de todo el corazón.

Qué paso antes y despues no importa, el momento era hondo como todo lo presente cuando escapas de cierto encierro cerebral y te deslizas hacia afuera por tus manos, hacia el latido de todo lo vivo por tu pecho, hacia la infinitud de los perfiles de un movimiento puro de puro constante. Es esa la unica verdad. Un andar, un andar que al reparar en el amarillo sol ardiente se detiene en comunion con todo lo de alrededor y descubre que ha existido desde siempre.

Claro que esa nocion resulta a veces tan filuda que se vuelve el pedazo chirriante de un espejo roto donde hace pocos segundos a penas se reflejaba tu rostro quieto sin saber a quien le pertenecian esos ojos o esa boca, un rostro tuyo pero no tuyo porque no habias aprendido a mirarte: uno solo se reconoce a traves de un segundo involucrado si ambos son sujetos, como tu o yo. Y cada pedazito roto es la imagen que habias construido para tantos otros, desde tu hermano hasta tu padre muerto, tu amante, tu amigo cansado, tu negocio podrido. Cómo no se va a romper en miles de pedacitos después de que el yo reconoce al tú, ¡cómo no se va a romper!... pero los reflejos te pertenecen a pesar que otros sean dueños del soporte, te pertenece la decision de cuando proyectar toda la luz; lo que se desliza, otra vez, es tuyo. Es esa la unica verdad. Ella aún se mueve sobre el escenario, deslizante, mezclando elementos, la música se origina desde la punta de sus dedos hasta la punta de sus pies, de sus cabellos. Lo demás no importa porque tal vez no existe.

¿La esperara alguien despues de la funcion? ¿Le invitara alguien a tomar un cafe, charlar? ¿Cómo se construirá el futuro? Pensar, pensar, en eso o no en eso solo puede originar dolor de espalda, tension sobre la espalda como si el pretoriano mas aplaudido de Roma hubiera dado un puñetazo en medio de los omoplatos. ¿Y el amor?... Somos como dioses, dueños de todo el estomago, de todo el higado...¡Mírame! ¡Somos como dioses!

¿Y el amor?

Las personas sentadas en la platea opinan que el amor esta en casa con los hijos.

Sonreía... Chabuca Granda


Mis lagrimas corrian por la almohada
pero es que se escapaban, no lloraba, sonreia
sonreia a lagrima viva, sonreia
y mis lagrimas corrian por la almohada, no lloraba, sonreia
sonreia
Es que desde lejos te veia que decias
esas frases que entrelazan dulcemente tus paisajes
los pintabas a otra con la magia que a mi me los pintabas
pero de otra manera
mis paisajes eran mios
ya no los recuerdo casi
solo se que eran muy bellos
fugaron por las laderas de mis bosques centinelas
mis paisajes
ya no los recuerdo casi
solo se que eran muy bellos
Y le hablabas mirandola, toda ella, mirandola
tambien ella sostenia tu mirada y reia y reia
como yo lo hice un dia
extasiada
en tus labios dibujabanse turquesas, caracolas y corales
y mareas
En tus ya muertos paisajes
creo mi garza, cañada, encina, pluma
ya no los recuerdo casi
solo se que eran muy bellos
Voy lejos de tu palabra
descuidadamente prodigada
todavia
Mis lagrimas que corren por la almohada
pero es que se me escapan
ya no lloro, yo me rio
y me rio a lagrima viva
y me rio
de mis lagrimas que corren por la almohada
y no lloro, yo me rio
yo me rio

lunes, 11 de octubre de 2010

¿Te casarías conmigo?

He recuperado tu cuerpo. Entró tranquilamente cuando yo estaba sobre la cama sin saber qué hacía ahí, abrió la puerta todo delgado, con su pelito rubio hasta los orejas y su textura infinita de adolescente. Se colocó a mi lado izquierdo donde había una mesita en la que se apoyó para hablar por teléfono. Ahora eran tu cuerpo y tu voz. A pesar que no me explicaba qué hacía tu cuerpo ahí conmigo, me puse a observarlo sin limitaciones pues me habías dado la espalda, y al darme la espalda también me estabas dando el culo. Un polito de tiritas de color claro muy sexy, el cabello de la nuca brillante, el cuello luminoso, cintura inteligentemente curva y una espina superior iliaca perfecta. La podía observar de forma tan nítida que solo en ese momento me di cuenta que tus pantalones eran transparentes... y que también podía ver tu truza, tu ropa interior, tu secreto bajo ese plástico extraño del que estaban hechos tus pantalones. Ah no, ni que fuera tan tonto como para no darme cuenta que alguien quiere algo cuando lo quiere... Me fui de súbito a la puerta a cerrarla, la perilla con seguro. Mi mano aún sobre la redondez dorada de la perilla. Tras la habitación corría el rumor de que un estremecimiento gigante producía que las olas giraran hacia afuera en lugar de hacia adentro volviendo su incesante ondular al revés. Mi mano soltó la perilla y mi cuerpo viró... ahí estabas tú en la esquina inmediatamente opuesta, mirándome con una carita de ángel reencarnado, con la expresión de quien sabe que es mejor hacer que no se sabe, como si ni tus pantalones ni tu postura hubieran tenido la culpa de nada, tu cuerpo estaba nuevo con las manitas juntas, con mucha luz a la luz de nuestro inevitable encuentro.

Un momento después, cuando ya besaba con mucha cultura lo más íntimo de ti, me hablabas de tus problemas de criatura inestable tan poco madura, que ni piensa ni se queda con las ganas, que le gusta ser adorada sin importar más. Yo te decía sin dejar de besarte que no te preocupes, a una criatura tan hermosa hermosa hermosa hermosa hermosa hermosa como tú nunca le pasaría nada malo. Tu cuerpo en escorzo vertical, desde aquí abajo puedo ver la resplandeciente sonrisa que me entregas con tu cabeza ligeramente inclinada.


Parte de tu hermosura es tu entrega tan límpida. Me resulta aún increíble que fueras tan fácil. Pero te revise, te revise muy bien y no tienes el alma oscura, es más, ni siquiera tienes pelos. Como una verdadera criatura. ¿Cuántos años tienes? ¿Dieciseis? Se que te han adorado mucho pero no encuentro mayores rezagos en ti. Rubia, flaca, típica cara de ángel, criatura de mis mayores deseos, secretos, sueños, gnosis, delirios, endriagos, voluptuosidades, verdades del vino, risas, panes, besos. Estaba hablando de tu cuerpo y he terminando hablando de ti y de lo que nos ha unido más que los orificios del cuerpo a la tierra. He recuperado tu cuerpo, te he recuperado a ti. El cuerpo es la parte del alma que se puede percibir con los sentidos.
Tu piel no es ninguna cáscara que encierre algún ente perfecto, es una verdad pura que no tuviste miedo de develarme, es tu piel, tu color, tu textura... no he apreciado sólo tu cuerpo sino tus más íntimas esencias, tu imperfección, tu proceso.

Ahora, me pregunto cómo es posible que después de contarte esto me propongas matrimonio, y me parece verdaderamente abrumador que pienses que lo que yo quiero es casarme. Yo quiero tenerte. Yo quiero que tu entrega a mí sea la última a la que te atrevas, y que sea en lo sucesivo exclusiva. Yo quiero renovar continuamente tus cenizas, ser el bichito que se coma los restos de tu piel día tras día, criatura. Y que tú te sirvas de mí también. Si a eso le llamas matrimonio, bueno. Yo quiero llamarle aventura. En unos días te invitaré a salir. Prepárate.

viernes, 8 de octubre de 2010

Dormir soltera y amanecer madre

Siempre sucede cuando esta a punto de despertar, cuando sale de su cuarto caminando con su bata larga y blanca heredada de su madre. En esta ocasión encontró su estomago hinchado como una chocoteja, ovalado verticalmente, y mientras bajaba las escaleras redescubriendo su inusual anatomia abdominal con las manos sobre el bulto observó que éste empezaba a dar pequeños golpecitos de adentro hacia afuera estirando la piel de chocolate como si fuera de hule, acomodando sus piernecitas, sus brazitos y su cabeza para poder salir por el orificio de abajo. Entonces comprendio que, nuevamente, estaba a punto de dar a luz.

-Mamaaaaaá, mamaaaá, ya es hora, llama a la ambulancia...
-¿Qué?¿Ya?¿Tan pronto?¿Y ahora?

En la cara angustiosa de la madre se notaba su preocupación, no por el innegable acontecimiento que cambiaría sus vidas para siempre, sino por todo el trámite y el trajineo que el acontecimiento involucraba: hospital, ambulancia, familiares, costos, ropa, higiene... todo por un recién nacido...

-Ya no hay tiempo mamá, ahorita, ayúdame a recostarme en el sillón
-¿Qué, ya?
-Al toque no más, mañana tengo que ir a trabajar

Y empezó el trabajo de parto. Las piernas se colocaron sobre los brazos del sillón, la bata se alzó sobre el vientre hinchado, se colocaron cojines bajo la espalda, la chocoteja iba derritiéndose poco a poco sumada a los sudores de la necesaria respiración. En un momento salió algo rojo, mojado, cuaguloso, con los brazitos como alitas de pollo y las piernitas torcidas, el rostro y la cabeza parecían de un cíclope con dos ojos. La nueva madre lo recogió en sus manos mientras la antigua traia los mantos blancos donde envolverlo.

-¡Qué es esto! ¡Parece un monstruo! Y yo que no quería tener hijos me mandan justo lo que más aborresco, un retrasado, un enfermo... ¡He parido un monstruo!

LLegaron las mantas y el recién nacido fue envuelto en ellas mientras su madre iba resignándose poco a poco. Se puso de pie dejando el ambiente sangriento en manos de la abuela; avanzaba de regreso a los interiores de la casa cuando volteó para observar por última vez el nuevo ajetreo de limpieza, al volver a poner los ojos en la faz de su hijo, éste se había convertido en un ser felino de ojos abiertos enormes que miraban fijos, tez de color prismático y un par de bigotes en el hocico plano como si se tratara de un dibujo, unos bigotes de bagre.

-Al menos ahora es un gato...

Fue subiendo escaleras arriba, bata blanca y sandalias, a disfrutar de su nuevo tesoro por lo que restaba del día.