Odio a esa profesora, solo porque falté a una de sus clases y a la siguiente llegué un poco bastante tarde, es cierto, pero solo por eso me mira con esa cara de enojada zorra de la pradera. Mientras me regaña no puedo evitar bajar la cabeza y a la vez subir los parpados para observar por un resquicio de los ojos elevados su busto apretado rebalsando de su delicada blusa blanca. Maldita, la odio y a la vez…
-Bueno, y en cuanto a la tarea de mañana, chicas, espero que se hayan preparado para la exposición como les dije, con reuniones grupales, ya saben que preguntaré a todas sobre cualquier punto del tema.
-Señorita – la llamé a mi lado- Como yo falté, mañana puedo presentar un monólogo.
-Sí... –y entonces vio mi sonrisa tan segura y descabellada que no le gustó-, pero mejor no, mejor tomas apuntes de tus compañeras y luego me lo presentas por escrito.
-Pero señorita…- me dejo con la palabra en la boca, con ganas de apretarla, retorcerla, hacerle abrir sus gruesos labios y vaciar ahí mi saliva.
Entonces comencé con las habladurías y las inscripciones en las puertas de los baños. Siempre me habían parecido absurdas pérdida de tiempo y no me imaginaba qué clase de chica tan tarada podía estar más atenta a las frases escritas alrededor del wáter que a su propio depósito fecal. Pero también me daba cuenta que funcionaba, precisamente porque la tozudez no era algo poco extendido en mi mediocre escuela. No sería difícil, cogí mi plumón negro y lo escribí con nombres y apellidos. Alguna vez los vi hablando juntos mucho más íntimamente de lo que corresponde a un director y a una profesora, más de una vez los vi tomando una taza de café y mirándose alegremente. Era tan fácil imaginar los posteriores besos y las gimientes risotadas sobre la cama. ¡Y cuánto la amaba! ¡Cuánto se la follaba en mis escritos!
Ella, sin embargo, era una cándida. Eso lo supe después cuando necesitaba más historia y empecé a seguirla. Del trabajo a su casa, de su casa al trabajo. Era una aburrida. Pero tenía que comprobar si seguía siendo así los fines de semana, el asunto lo resolvería con una amiga que también se prestó para el amasijo de lodo que estaba formando y en el que me ayudó prestándome su letra, sí, ahora ella escribía mientras yo le dictaba. Dejamos dicho en nuestros respectivos hogares que cada una dormiría en casa de la otra. Sólo teníamos 15 años pero después del maquillaje y del cambio de ropa atolondrado en un parque oscuro ya parecíamos de 18. Y luego a esperar. Era noche de sábado, era imposible que ella no saliera, tan joven y tan rica.
Así pasó. La seguimos hasta un barcete de mala muerte que quedaba en el centro de Lima, ni siquiera nos pidieron documentos. Ella estaba sola en la barra, deslumbrante y sagaz, parecía que la zorra estaba de cacería. No podía esperar el momento en el que ese hombre se apareciera y tomáramos la foto que comprobaría todas mis habladurías. Verlos por fin fuera de la escuela, besarse sin miedo, agarrarse las manos, que él la coja de la cintura con fuerza. Pero quien se apareció fue otro. Un jovenzuelo con cara de duende, de cuerpo lánguido y palidez famélica. Él no iba a poder con ella, ella era un suculento torrente de fuego apasionado, ella se desnudaba en su cuarto apenas cerraba la puerta y veía su cuerpo reflejado en el espejo para aullar a solas, ella se echaba cremas antes de dormir para perpetuar su belleza, ella dormía sola son sus peluches azules tal como yo hacía, ella a veces soñaba conmigo. Cuando comenzaron los besos me daban unas ganas de explotar y que pedazos de mi carne le llegaran a la cara; salí corriendo al baño.
Al regresar, luego de estar más atenta a las paredes del wáter que a mi propio depósito líquido, mi amiga encuerada y de ojos pintados de negro, con su carita de perturbación, me dijo que ya se habían ido, no solo cogidos de la mano sino entrelazando sus dedos, fuertemente entrelazados sus dedos. Ambas sabíamos lo que eso significaba.
Nos quedamos a tomar los últimos sorbos de la única cerveza que compramos, mientras tanto pensaba. ¿Acaso la maestra lo ama? Pero si… ¡es un duende!, lo imagino arando su jardín de duende, poniendo nomos en su jardín y alimentando en un platito de plata a su gato bastardo que sería el único rey de la casa que habita. Lo imagino con su sombrero de copa color verde y su trébol de cuatro hojas al costado. ¿Acaso la maestra lo ama? Sí, es mejor convencerse, y yo me equivoqué, la cagué, me entregué demasiado una vez más, no volveré a escribir. A ella no le va a importar nada de lo que pueda decir de ahora en adelante.
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-Ay José, imagínate que andan diciendo por allí que tú y yo nos paramos revolcando…
-Si eso fuera cierto Lima no sería tan gris.
pa romper la discoteca!!! Entreténme mientras esté aquí, please!
Pranav Mistry at TED; The Sixth Sense
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*Pranav Mistry* is redefining how we use objects and gestures to interact
with the digital world. He developed the Sixth Sense device to s...
Hace 10 meses


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