domingo, 22 de diciembre de 2013

Afelio

No amo. Ni a ti, ni a ti, ni a ti.
Amo el recuerdo o tal vez la esperanza.
La luz que entrará por una futura ventana.
Amo el tiempo que me ha dado la razón, la suerte que llega a mis manos no sé de dónde, y hay un padrino, sabes? un hombre que conoció la muerte. Amo por siempre ese apretón de manos como un trato secreto entre la gente que somos, que éramos, de verdad. Porque ahora habita entre las voces y el baile y mi amor su existencia.
Amo que tus ojos, sí, tus ojos, sean la promesa que nunca se cumple. Porque me recuerda el abandono al que estamos destinados y sometidos, algo que sentimos como un huequito en el esternón y con tanto acento en estas épocas de término y renacer. Amo el niño que no nació.
Amo que mi felicidad sea tan difícil, una especie de fantasma translúcido que me hace creer en su realidad pero se desploma apenas intento tocarlo. Porque interto tocarte y no, no puedo. Es lo único que no podré, quizá, hacer en este tiempo amado tan cortito y apretado que me tocó. Porque una premisa me dio el dios padre, "nunca digas no puedo", y todo se puede, y todo tiene solución, menos la muerte. Menos tú.

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