viernes, 28 de octubre de 2011

Reseña de teatro

La alucinante experiencia de Hormigas, escrita y dirigida por Jaime Nieto, ultimo fin de semana, no se la pierdan!!!!

Viernes 14 de octubre del 2011
HORMIGAS


Extravagancia desde las primeras escenas, donde la bella Ana, con su bata de seda y sus sandalias de taco, es violentada por su esposo Tomás. Conflictos de dinero y sexo en primer plano. Por otro lado, la mente retorcida de Alejandro, hermano de Ana: él no solo colecciona hormigas, vive obsesionado con ellas, no trabaja ni estudia por ellas. Dinero, sexo, algo de locura. Luego, el atípico “criado” homosexual que ayuda a Ana a encubrir a su amante, un jovencito vividor con quien Ana despliega toda su sexualidad.
La obra Hormigas, de Jaime Nieto, se presenta como un vórtice continuo de acciones en el que cada personaje descubre su ser inquieto sin enmascaramientos. Gertrudis parecía ser el espécimen celestial que salvaría, con su virginidad y su recato, a los demás miembros de la comunidad. Pero no, no se da la historia de amor en la que ella era la hormiga reina para Alejandro, la oscura fuerza del destino o la insania propia de todos los seres humanos termina atrapándola. A veces pasa, siempre pasa. Perdida ella, la degeneración es absoluta. Los personajes se vuelven seres errantes alrededor de un vacío perenne. Nada colma la existencia salvo el sinsentido. La obra postula desde eventos surreales e impredecibles, que no hay ninguna esperanza en este mundo moderno de sexo, dinero, locura. Además las drogas y la música nocturna. El DJ y su bar “a donde todos vienen a morir un poco”. Frágiles como hormigas somos cuando, como a ellas, se nos borra el “caminito”.

domingo, 16 de octubre de 2011

CARTA AL AMIGO PUQUIANO

CRÓNICA DE UN RECORRIDO POR LA RUTA ARGUEDAS o de cómo conocimos a su amigo Demetrio Ramírez.

“No olvido los formidables días que pasamos juntos en esa nuestra santa tierra, cuando me auxiliaste a hacer el estudio de la Sequia”, así comienza la carta que José María Arguedas mandara el 20 de octubre de 1966 a su amigo puquiano Demetrio Ramírez. Un hombre que a sus 90 años tampoco olvida; al contrario, los recuerdos del amauta aparecen tan vívidos en su memoria como los de aquel día en que, por primera vez, un automóvil surgía por la reciente inaugurada carretera del pueblo ayacuchano de Puquio.

Los indios comuneros puquianos construyeron 150 km de carretera en tan solo 28 días; mientras Arguedas se convertía en testigo clave de esa fuerza desplegada, Don Demetrio, a sus cinco años, se escapaba del patio de su casa para ver la maravilla de marca Hudson, color plomo, cuya bocina sonaba como un burro: "¡qué feria ni feria!, ¡qué fiesta ni fiesta!, ¡eso era gente!". El pueblo entero observaba el automóvil entre empujones.

Conocimos a Don Demetrio Ramírez en Puquio, pero nuestro itinerario arguediano comenzó antes. Fuimos tres los sanmarquinos interesados en recoger parte de los pasos de Arguedas por la sierra central: Gustavo Gutiérrez, comunicador social, Sergio Ccencho y María Inés Vargas, de literatura. Nos conocimos en el Teatro Universitario hace algunos años y compartimos el interés por la obra de Arguedas, al punto que hace poco se realizó, junto a otros compañeros, un performance denominado Kachkaniraqmi, basado íntegramente en sus textos. Kachkaniraqmi se presentó en La Casa de la Literatura, al inaugurarse la exposición por el centenario del natalicio de Arguedas.

Puede convertirse en un estimable circuito cultural lo que llegamos a denominar “ruta Arguedas”. Ya nos habíamos informado que en San Juan, el pueblito donde el amauta vivió de niño, era muy difícil encontrar un hospedaje o transporte; por ello, la parada debía ser en el distrito de Lucanas. Allí alquilaríamos un taxi, pero ¿dejar nuestras cosas en el auto mientras bajamos a reconocer los escenarios del cuento "Agua"? Nos habían informado, también, que no habría ningún peligro pues en dichos pueblos ayacuchanos, a pesar de la violencia vivida, no hay maldad o, en palabras arguedianas, no hay rabia en los corazones. Contratamos a Virgilio, un excelente taxista-guía que nos llevó en su auto hasta las profundidades infernales del cerro Chitulla. Sí, Virgilio fue nuestra Beatriz.

Y nuestro mejor mapa, el cuento “Agua” de Arguedas:

"— ¿Y Chitulla? A su barriga seguro entran cuatro Kanraras.

Los indios miraban a uno y otro cerro, los comparaban, serios, como si estuvieran viendo a dos hombres (…) Las quebradas de Viseca y Ak’ola contestaban desde lejos el relincho de los comuneros.

—Viseca grita más fuerte.

— ¡Claro pues! Viseca es quebrada padre; el tayta Chitulla es su patrón; de Ak’ola es Kanrara nomás.”

No es exagerado lo de “profundidades infernales”. Al pie del cerro Chitulla hay socavones de una antigua mina; el cerro, receloso de los tesoros extraídos por hombres desagradecidos, ha hecho morir a varios con convulsiones y emanando sangre por la boca. Para acercarnos con respeto, nos aconsejaron ofrecer un tinkachu o pagapu. Fue lo primero que hicimos al llegar a la Hacienda de Viseca, ubicada a orillas del río Viseca y al pie del Chitulla. En sus tobillos –es una montaña imponente–, le ofrecimos vino, hojitas de coca y cigarros.

Hay iniciativas municipales para poner en valor la Hacienda de Viseca. Ahora luce abandonado este lugar donde Arguedas se iba a jugar de niño. Virgilio nos explicó que el techo de una de las habitaciones se ha reconstruido hace poco, que la total reconstrucción y la apertura de la hacienda como una casa-museo es algo que él espera pues le han pedido hacer esta ruta ya varias veces. Recorrimos el pueblo minero de Uteq, que Arguedas cariñosamente llama Uteqpampita, y luego el morro de Santa Bárbara, ahí donde al final del cuento “Agua” el niño Ernesto grita, mirando al tayta Chitulla: “¡que se mueran los principales de todas partes!”.

Ya en San Juan, nos dirigimos a la casa de la madrastra. El dueño nos explicó: "Arguedas vivió aquí pero esta no es su casa". Sin embargo, el patio está adornado con motivos del centenario. El dueño ha recibido visitas hasta de japoneses, y el interés que tiene la casa lo ha impulsado a conservar ese patio aunque no cuente con ningún apoyo municipal. El pueblito de San Juan luce tranquilo y apocado, tal vez como lo retrata Arguedas en su cuento “Agua”, con el mismo revestimiento interior aunque las columnas de la plaza se hayan derribado hace años.




Antes de despedirse, Virgilio nos dejó en el paraíso: Puquio. No porque sea el lugar más modernizado, sino por la vivacidad pacífica de las personas y, sobretodo, porque allí conocimos más de Arguedas que muros, patios, ríos o montañas: su gente. Para empezar, la entrañable amabilidad de Don Demetrio Ramírez sumada a la de sus hijos Raúl y Serafín, quienes después de contarnos sobre Arguedas y mostrarnos la carta, refrescaron nuestras gargantas con el licor dulce de la cerveza y la amistad. Don Demetrio nos contó que tenía un montón de cartas y postales de Arguedas, pero que en los años de conflicto los tuvo que quemar para no ser sorprendido con ellas en el “rastreo”, ser apresado, despojado de sus hijos y tal vez desaparecido. La carta que nos mostró fue la única sobreviviente. En ella, Arguedas solicita a su amigo puquiano albergar a los doctores franceses Chevallier y Piel, quienes estudiarán los despojos de tierras que los mistis ejecutaron a los comuneros para conformar las grandes haciendas, a inicios del siglo XX.

La fuerza y la generosidad están en Puquio, tal como lo señalara Arguedas, a pesar de los muchos años transcurridos. ¿Cómo llegamos a Don Demetrio? Gracias a la gente. La muchacha que nos vendió los pasajes a Andahuaylas (donde teníamos nuestro próximo destino), nos presentó a un profesor quien a su vez nos habló de Don Demetrio; la muchacha llamó a alguien por teléfono y luego dijo "sí está en su casa, visítenlo".

La cordialidad, sin embargo, no exime a los puquianos de un mea culpa al no recordar los huaynos antiguos que Arguedas grabó. En la Peña Kuyayqy Puquio sucedió así cuando pedimos que tocaran alguno de esos huaynos, el maestro de ceremonias declaró el mea culpa: “Y nos preguntan muchos temas de José María Arguedas, pero hay cositas que nosotros, a pesar que somos puquianos, no lo sabemos, hay una incógnita interesante que vamos a tener que estudiarlo.”

Puquio fue el paraíso porque, además, logramos vivir en carne propia la Fiesta del Agua o de la Sequia, la fiesta que Arguedas contempló. El ritual de los auquis o sacerdotes, los juegos escénicos de los llamichas con los negritos, la destreza de los danzantes de tijera, el vigor de los músicos y las melodías del violín y del arpa, el baile de los hombres y mujeres haciendo retumbar el suelo del mundo. Arguedas, ¿el telúrico?, no; Arguedas el que conoció el valor de la vida original.







No sería descabellado institucionalizar una “ruta Arguedas” que pase la segunda semana de setiembre por Puquio, para que el visitante disfrute y aprecie la cultura andina en su más íntima expresión. Una ruta que luego pase por Abancay o vaya hasta Andahuaylas, como hicimos nosotros. En este último destino asistimos a la Feria de Andahuaylas, que abre los domingos y es la más grande del sur del Perú. Luego, dos hitos nos esperaban: la tumba y la Casa Arguedas. La municipalidad de Andahuaylas es la que más se ha preocupado por establecer el paso arguediano; la tumba yace en un complejo monumental ubicado en el centro de la ciudad y la Casa Arguedas ya se institucionalizó, entre otras dos que dicen también haber albergado al amauta. En aquella casa vivió hasta los dos años de edad, se presume, antes de irse donde la madrastra, en San Juan. Después de un emotivo encuentro con sus restos –y de aseverar con nuestra llegada lo señalado en el epígrafe: Llaqtaypiñam Kachkani–, la Casa Arguedas fue nuestro último lugar de visita; llegar ahí significó el fin de nuestra ruta pero también un retorno a lo que fue su punto de partida, un preciado retorno, cien años después.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Reseñas de teatro, dos obras dos!

Los gigantes de la montaña, obra inconclusa de Luigi Pirandello en la versión del Carlos Riboty, presentada en el XII Festival Internacional de Teatro de Grupo. Y Criadero, instrucciones para (NO) crecer de Mariana de Althaus, que regresa a temporada el 9 de noviembre en el CCPUCP, todos los miércoles de noviembre y diciembre.

Ahora las notas saldrán cada dos semanas. Este viernes: Hormigas de Jaime Nieto, en la Página cultural de La Répública.

Viernes 16 de setiembre del 2011
LOS GIGANTES DE LA MONTAÑA
En su obra inconclusa, Los gigantes de la montaña, Pirandello plantea el conflicto entre el artista teatral y la sociedad, en el momento de crisis que significó la gran acogida del cinematógrafo. La propuesta que nos presenta Carlos Riboty soslaya o, mejor dicho, sobrepone a esta crisis, ya superada, un nuevo trance: la aceptación o comprensión de lo indígena. Como él mismo confiesa, ha seguido experimentando en la construcción –o intento de conclusión– del texto original, que en sí mismo ya es metafórico, onírico y experimental.
¿Lo indígena se relaciona al arte actoral? En el argumento, los actores de la compañía han emigrado hasta la montaña para poder realizar una obra teatral, pero ahí se encuentran con los “gigantes”, nunca aparecen pero pueden llamarse incomprensión y censura. En ese sentido, que lo indígena sea lo que se confronte a ese tácito “gigante de la montaña” no es algo tan descabellado. Pero esta conclusión es solo superficial.
Después de un arduo entrenamiento, el actor es capaz de transmitir verdad con su única herramienta: su propio cuerpo. Ahí reside su arte. El indígena, en sus ritos y ceremonias origina una verdad ancestral, mítica. Ambos aprecian de forma similar la fuerza natural, la fuerza del cuerpo, la fuerza de la vida. He ahí la conclusión profunda que justifica el interesante y agradable trabajo de Riboty, donde destaca la actuación de Rocío Antero-Cabrera.


Viernes 30 de setiembre del 2011
CRIADERO, INSTRUCCIONES PARA (NO) CRECER
Una de las cosas interesantes que tiene Criadero es el haber identificado un nuevo estereotipo femenino: la mujer maravilla. Se trata de aquella que quiere hacerlo todo y siente el deber de serlo todo. Sexy, exitosa profesionalmente, buena madre, idónea ama de casa, seguir hermosa, no descuidar a la pareja, etc.
Las historias se arman desde las experiencias personales de las tres actrices, que en buena cuenta son los testimonios del prototipo de “mujer maravilla” que cada una se formó. No hay acción dramática ni personajes en un sentido estricto, asistimos a la narración teatralizada de cómo las actrices fueron criadas y luego cómo criaron.
La obra se nutre con abundante escenografía, elementos que plásticamente la sostienen. Música en vivo, imagen y video. Es vistosa como una performance, con un momento de clímax en el que se declara a veces quisiera escapar y la misma directora entra a bailar en escena. Las historias son tiernas en sí mismas, un niño siempre es tierno y el amor filial da de lleno en el sentimentalismo.
Así, De Althaus expone nuevamente el tema de la maternidad como algo crucial en la vida de la mujer. En este caso, en la vida de aquella que pretende ser una mujer maravilla. La maternidad es algo que una aspirante a mujer maravilla tiene que perdonarse. Ojalá De Althaus nos sorprenda con una nueva temática en su próxima entrega y esquive, en lo posible, la peligrosa tentación de caer en lo trillado.

sábado, 1 de octubre de 2011

F. o el cajoncito de la llave de oro

Ese cajón está cerrado. Un niño gigante, que casi me llegaba al hombro, observó que me iba y fue cerrando las puertas y ventanas mientras empezaba a gemir una especie de llanto y balbuceaba no te vayas, no quiero que te vayas. Yo solo pensaba en la llave con la que podría abrir ese cajón. Es un cajón hermoso, de antiguo estilo Luis XVI tallado en madera, con patas largas muy delgadas y barnizado de un beige color piel.
Abracé al niño, acariciando su pelito castaño ensortijado, su ruego me había dado pena. Siente mi calor pequeño, siéntelo, mis palabras te dirán no me iré, no me voy, pero ambos sabemos que aquellas fotos que nos tomamos junto a las plantas exóticas se han quedado ahí, no en el cajón, ahí donde sea. Esas plantas parecían hongos enormes, tenían tallos inmensos con venas de savia que envolvían su circunferencia, venas gruesas como las várices de alguna pierna gorda. Yo seguía esas líneas con mis dedos, desde abajo, desde la tierra, hasta que mi cuerpo ya no daba la talla para seguir ese camino hacia el cielo, estiraba los brazos y tú me seguías con la cámara, con fotos y videos, me decías sonríe, sonríe, preciosa, mi mano seguía formando al hombrecito sin cabeza que con sus piernas y brazos avanzaba saltarín hacia arriba, volteaba el hombrecito y tu seguías ahí, con el registro de la cámara, entre la savia, el hombre sin cabeza, mi mano, la planta. No me voy pequeño, calma.
Solo hace falta que encuentre la llave con la que pueda abrir ese cajón. Su cerradura me hace guiños, me dice que puedo ser yo, me da besos como si siempre hubiese sido suya. Es un tirano ese cajón, porque se conoce, sabe de su belleza asentada en la antigüedad, se aprovecha del aura de anciano sabio que ostenta. Creo que se cree dueño de secretos. Ese cajón es un posero, dijo mi amiga. ¿Porque no utilizas tú también alguna pose?
-Pero yo soy silvestre, sin poses, sencilla… ¿me servirá la pose de chica vanguardia arti?
-No, con él no, él es Luis VXI, no le vengas con frivolidad chusca
-¿Y la de chibola primaveral medio cojudona?
-No, tampoco… te mandaría a lavar tus calzones
-¿Tú crees que me serviría la pose de femme fatale?
-Puede ser, lo de femme fatale tiene su dosis de silvestre ah!
-La cerradura es de oro, ¿te has dado cuenta?
-Sí, está muy asegurado
-Para cerradura de oro, llave de oro.
Bueno, entonces me voy. Lo siento pequeño, tengo que ir a buscar esa llave y en eso tú no me puedes ayudar, las plantas gigantes no me pueden ayudar, la tierra de la plantas no me ayuda, las venas gruesas de las várices tampoco, solo me llevaré al hombrecito sin cabeza. Él sabrá escarbar en las profundidades para extraer la llave de oro que necesito, que se viene formando hace milenios y que ha estado escondida ahí dentro durante todos estos años, una joya que puede llegar a ser inmortal. Metal precioso es lo que necesito, dureza es lo que necesito, algo que brille y sea duro, la parte de mí que brilla y puede ser dura, eso.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Reseñas de teatro, dos obras dos!

Dos obras muy interesantes, tan distintas pero recomendables ambas. Creo que la primera aún sigue en cartelera. Transcribo tal como salio en el diario, un poco tarde porque estuve de viaje.

Viernes 26 de agosto del 2011
POR ACCIDENTE
Por accidente es una obra de hombres. Los seis personajes, interpretados todos de forma brillante, nos muestran el universo masculino con la inevitable presencia de la mujer como algo inmanente; vemos al criollo peruano actual debatirse entre el honor, el fracaso y la soledad.
En la realización también podemos reconocer que las coordenadas sociales han cambiado. Un “cholo” puede conducir un auto de lujo. Un “blanco” maneja, en cambio, un auto destartalado. Tras la accidental colisión que sufren ambos personajes, no se sabe quién choco a quien en aquella madrugada, a pesar del vigilante nocturno (o guachimán), del taxista cincuentón y del transeúnte gay que fueron testigos del accidente.
El auto, símbolo de poder predominantemente masculino, está ahora abollado. Tras de la magulladura, una mujer, “la mamá de mi hijo que me ha dicho chau”, “mi novia sanisidrina a la que quise impresionar con el auto de mi papa”. Un último personaje, el agente de seguros, es el hombre demiurgo que ordena el mundo.
Dirigida y escrita por Marisol Palacios, en lo último con la valiosa colaboración del actor y también director Alfonso Santisteban, Por accidente es una creación femenina que trasciende su género y es capaz de hacernos identificar en escena los valores masculinos sin la necesidad de personajes estereotipados: ni “galanes” ni “machos”, se nos revela que el hombre siente, de verdad siente.

Viernes 2 de setiembre del 2011
PEQUEÑAS INTERRUPCIONES
Dino y Ugo Ploh esperan noticias de su padre de 90 años que ha ido a la guerra. Simona, el cartero, con todo el aspecto lúdico de un arlequín, trae cartas desde la guerra. Pero estas cartas están en blanco. Empiezan las preguntas, ¿un hombre de noventa años a la guerra?, ¿no se está hablando acaso de otra cosa, una distancia que todos conocemos pero ninguno puede decir haber experimentado, acaso el más allá de la muerte?
Hasta que esto no termine de aclararse, cierto tedio se origina en el espectador que no entiende lo que está pasando. O que simplemente no está acostumbrado a las obras dramáticas que no tienen su referente en lo “real”. El primer cuadro, por lo tanto, desconcierta. El segundo cuadro es la imagen sublime de Ugo Ploh sobre la barca, con un árbol como velero. Habla a un almirante y ve leones sobre el mar, les dispara. Guerra. Esa imagen, escénicamente exquisita, nos encamina ya hacia el sentido. El segundo cuadro es el extravío dentro de la materia de los sueños, marca un hito entre lo onírico y lo que entendemos como real en la obra: Ugo Ploh irá a la guerra.
Así, en el tercer cuadro se abre paso al phatos, a lo que se siente sin explicaciones racionales, al clímax donde Dino Ploh enumera palabras una tras otra sin sentido. Y sin embargo, es aquí donde el espectador acentúa su capacidad de conmoverse, porque en el fondo entiende el absurdo de nacer solo para morir. ¿Por qué no realizar pequeñas interrupciones a esa línea tan fija? Interrumpir al almirante, al jefe, al gran otro, a Dios.

martes, 23 de agosto de 2011

Reseñas de teatro, dos obras dos....!!!

*En La República vengo publicando reseñas de teatro los días viernes. Obras aún en cartelera, teatro de Lima-Perú fresquito y pujante en la humilde opinión de su servidora Inés Vargas, literata, actriz y performer independiente. Transcribo aquí los textos ya publicados, el primero tal cual y el segundo con un extra que no alcanzó por el pequeño espacio de caracteres prediseñado para las notas.

viernes 12 de agosto del 2011
EN LA JUNGLA DE LAS CIUDADES
Queda solo este fin de semana para asistir a la experiencia avasallante que es En la jungla de las ciudades, puesta dirigida por Gisela Cárdenas e interpretada por un gran número de actores.
La obra es una de las primeras escritas por Bertolt Brecht, donde aún no aplica su concepto de teatro épico, tan crítico de la cuarta pared. Pero, como es esencialmente Brecth, no conmueve corazones sino cerebros, no hay tragedias individuales sino sociales, en las que el hombre cifra su existencia solo en pro a su vida comunitaria con otros hombres.
El chino pero exitoso capitalista Schlink reta al humilde trabajador resignado con su condición, George Garga. ¿Qué pasa cuando Garga es obligado por Schlink a no resignarse, a recibir como un regalo su fábrica de telas con todas las utilidades y propiedades? Ya no se trata solo de dinero, sino de integridad, de mantenerse en pie.
Acierta Gisela Cárdenas al no pretender hacer una versión de época de la obra. Los vestuarios y el escenario, que fluctúan entre lo de antaño y lo moderno irreverente, se vuelven una conmoción a los sentidos. Infatigable de principio a fin, incluso el intermedio es una sorpresa más, tal vez un poco exagerada. Algunas actuaciones dejaron que desear, algunos manejos de voz pudieron ser mejores. Pero Lucho Ramírez en el papel de Schlink es de lo más memorable. Así como el final, donde Cárdenas critica, a su manera, esa dichosa cuarta pared.


viernes 19 de agosto del 2011
ENTONCES ALICIA CAYÓ
Personajes entrañables, actuaciones idóneas, escenografía impecable, pero en Entonces Alicia cayó hay algo que no termina de cuajar. No se trata del tema de la paternidad, o de la maternidad, para ceñirnos con más propiedad a la trama de la obra, pues son tres mujeres las que se enfrentan a esta situación crucial en sus vidas. Alba, de 50 años, una famosa cantante que no tuvo hijos por decisión mutua con su esposo, descubre que él sí embarazó a su amante. Daniela, de 45 años, una dramaturga que hace una versión de Alicia en el país de las maravillas junto a su inquieta hija de 15 años, Paz. Y Alicia, una mujer de 40 que quiere embarazarse desesperadamente antes de cumplir 41 al día siguiente. Todas ellas están hospedadas en el hotel "Wonderland". Y todas sus historias son agradables, divertidas e interesantes, sobre todo al desarrollarse en escenas simultáneas, un buen efecto teatral.
Pero lo que no termina de cuajar o vislumbrarse es la directa alusión que se hace a la obra de Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas, en el título. A pesar de que una protagonista se llame Alicia, a pesar de que el esposo de Alba, Basilio, tenga una barba de conejo, a pesar de Wonderland, de la puertita del minibar que alude a cuando Alicia se agiganta, de la obra que trabaja la dramaturga, etc. Estos detalles no transmiten el sentido de aventura mágica y lúdica que guarda cualquiera que ha leído o visto de alguna forma la obra de Lewis Carroll. Lo que nos ha querido entregar Mariana de Althaus es una metáfora, la del hoyo en el que cae Alicia como el hoyo en el que caen estas tres mujeres. Aquí la trama entra en conflicto con el referente bibliográfico: ¿qué relación tiene el tema de la maternidad con Alicia en el país de las maravillas? ¿únicamente que las protagonistas son mujeres? ¿La obra de Althaus seguiría siendo la misma si le quitáramos esos detalles sobrepuestos que justifican a fuerza el bonito título? Sí. La dramaturga pudo estar adaptando otra obra, Basilio pudo ser moreno, el minibar un bar normal, Alicia llamarse de otra forma, etc. Alicia en el país de las maravillas no deja de aparecer como un pretexto que básicamente da motivos escenográficos. Salvo, la atractiva puerilidad de Paz y el comportamiento desesperado (“voy a llegar tarde”) de Alicia, en relación a llegar tarde al embarazo.
Entonces Alicia cayó ganó el tercer concurso de dramaturgia del Británico. Los que vimos la imagen promocional, donde salen las tres protagonistas sosteniendo una llave gigante, esperábamos ver esta llave en la obra, o que se le hiciera justicia a lo que evidentemente sugería. La llave "mágica" nunca salió, país de las maravillas tampoco. Acá, Althaus nos da otra metáfora, en sus propias palabras: “País de las Maravillas, aquel estado del alma en el que aparecen las posibilidades, la ilusión, la sabiduría”. Si Lewis Carroll ya entendía su país de las maravillas como una metáfora, en Entonces Alicia cayó asistimos a la metáfora de la metáfora. La temporada va hasta el 12 de setiembre en el Teatro Británico (Jr. Bellavista 527, Miraflores).

sábado, 13 de agosto de 2011

La otra

Nos habíamos escapado, habíamos huido por fin. Nuestra casa la construimos en un lugar remoto para que las habladurías de la gente y el ruido del mundo no nos lleguen. Decidimos vivir en paz, no sé si hubiera hecho esto sola aunque siempre lo soñé, pero un día me dijiste ¡vámonos!, tomaste mis manos y con los ojos claros en los míos me dijiste ¡vámonos! Juntos, no importa nada de lo que haya pasado, ya es hora. Te seguí tan firme, paso tras paso contigo, hacia este lugar donde no nos escondemos, al contrario, desde aquí gritamos que hemos desaparecido.
Los dos acomodamos la disposición de la casa que decidimos ubicar en un acantilado. Al fondo del abismo hay un río que corre suave y bordea el pedazo de montaña donde estamos. Es cierto lo de pedazo de montaña, es una porción de la montaña enorme y frondosa donde nace agitada la catarata larguísima que da vida al río. De modo que nuestro pedazo de montaña permite que nuestra casa se ubique a la mitad de la catarata. Un solo piso es necesario. Muchas ventanas para que haya luz, esa que desprenden las hojas verdes de los árboles cuando les da el sol, también por la brisa que nos llegará desde el río. Y que nos llegue el ruido de la catarata, un día dejaremos de sentirlo un murmullo ajeno para hacerlo una especie de nuevo latido. La puerta principal de la casa, obviamente, dará al abismo. Esa puerta es inútil pues nadie más entrará, nadie saldrá. Al abismo, si alguien decide abrir esa puerta y salir su primer paso será hacia la nada. Así lo hemos decidido. La ventana de la cocina da hacia el bosque, hacia el camino por el que llegamos, la tenemos siempre abierta y cuando cocinamos jugamos, nos reímos entre cuchillos y tomates, abrazados miramos hacia ese sitio y nos apretamos más al cerciorarnos nuevamente de que nos hemos atrevido.
Uno de los primeros días subí al techo a continuar escribiendo un texto que tenía por ahí, era la historia de una chica que se creía muy loca, muy artista, muy vanguardia, que le gustaba tomarse fotos desnuda, ser ligera y mejor que yo, sí, ella creía mucho eso, decía que yo era poca cosa, que cualquier persona merecería algo mejor, se creía muy bella y decía que yo era fea. Esa era mi historia. La dejé bajo mi taza de té para revisar otras hojas y pensar cómo podía continuar la aventura de esta muchachita… Hasta que levanté mi taza de té y las hojas se fueron volando como palomitas apuradas, primero hacia arriba con su color blanco sobre el cielo, luego su caída indetenible hacia el río de abajo, donde las aguas terminaron por tragarse a las cargadas aves que habían salido de mis manos, tan ansiosas de aire, eso fueron, ansiosas de aire que volaron un rato para morir en el agua de mi río.
Ya estaba atardeciendo otro día. Estábamos en la cocina preparando ensalada, riendo como siempre con el ketchup sobre la boca o la nariz. Saliste a traer algo con que limpiarnos y yo me quede deshojando la lechuga. La ventana estaba abierta, una atmósfera oscura con tonalidades rojizas opacaba la vista del camino. Escuché un rugido, ruidos, como si alguien estuviera trepando la pared, subiéndose al techo para colgarse desde ahí y… Me asomé y el graznido se acentuó arrostrándome una garra que me sujetó el brazo mientras comencé a gritar y forcejeamos, pero era una especie de bestia celosa y sumamente molesta, resentida, hinchada, puntiaguda, con los pelos erizados de furia y el rostro rojo, la reconocí, grité aún más para ahogar el bendito murmullo de la catarata y ser yo y ella y tú llegando asustado, reconociendo también a tu antigua mujer, poniendo los dos brazos para que ella suelte el mío que ya estaba completamente arañado, con heridas largas, sangre, ardor, piel desgarrada y tú rogándole que me suelte, y ella gruñendo más hasta asustarme, y tú maldiciéndola y yo con el brazo ya suelto llorando y ella odiándote con todo su amor y tú y yo pensando cómo hizo para encontrarnos si nadie sabía, sus horribles e infinitos graznidos de ave se derraman en tu cara, hay una genuina sensación de que llegó volando, miro mi brazo arañado por sus patas…
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El dolor y esa angustia de los momentos críticos hicieron que me levantara, o tal vez fueron los verdaderos gruñidos felinos que una gata o gato ajeno, de otra casa, de un vecino, de la calle, hizo sobre mi cama cuando Gala, mi gatita, no la dejó subirse. Éramos tres. Fuimos tres sobre la cama. Cuando miraba mi brazo arañado abrí los ojos y la lucha que tuvieron las dos felinas era ya una sensación lejana en el tiempo, lejana en pocos segundos. Abrí los ojos, me recuerdo inclinándome y diciendo qué pasa. La gata blanca extraña ya estaba al lado derecho de mi cama, herida, en cuatro patas, recelosa y resentida de que la hayan echado. Gala estaba entre mis piernas, sentada, vigilante, mirándola, bella como siempre.

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Mírala, míralo ;) me encanta la letra, es tan precisa!!