jueves, 31 de marzo de 2011
"Te copio"
No sé si de verdad nos estamos comunicando, a veces necesito una señal más fuerte que las pautas argumentales que me planteas dentro de los sueños. El otro día sostenía una cabeza que sangraba mucho por una herida que tenía en la nuca, una herida que dibujaba un cilindro en su interior, una herida antigua que se ocultaba con un tampón de jebe que había resbalado de su posición funcional, lo que era la causa del gran chorro de sangre que se formaba por más que yo intentara detener el agujero chorreante con mis dedos.
¿Quieres más?
Antes de este incidente lamentable estaba a punto de hacer el amor con el dueño de la cabeza, después, claro, que me prometiera mucha ternura y mucho corazón en sus acercamientos, y que se disculpara hasta jurar en nombre de no sé cuantos dioses que me necesitaba de verdad y que la mujer con la que lo había sorprendido en una situación sospechosa, no hacía mucho, era en absoluto alguien insignificante. Habíamos estado frente a la computadora un rato, le estaba mostrando algunos escritos, fotos, recuerdos, retazos que justificaran mi frase “te quiero, está bien, no puedo negarlo”, que sintiera más culpa por su reciente infidelidad, “pero esto que acabas de hacer es imperdonable”. Sobre todo porque cuando abrí la puerta de esa habitación donde pensaba hallarlo dormidito, la tipa salió acomodándose la minifalda y el cabello suelto desordenado. ¿Qué hacía ahí? ¿Porqué lleva minifalda, acaso no estaba prohibido en esa fiesta? –aún así era verdad, bien simplona la muchacha, insignificante. Tanto que cuando salió ni se atrevió a mirarme a los ojos. Yo miro a los ojos para que sepan que ahí estoy. Pero sentada en el sillón, en el primer piso, poco antes de subir las escaleras y hallar esa escena tan desagradable, tenía una irrefrenable tendencia de sostener el cuello hacia abajo, y la mirada hacia mis piernas. ¡Nadie me había dicho que en esa fiesta estaban prohibidas las minifaldas! La anfitriona de la reunión me lo susurró al oído, “¿por qué, ah?” le pregunté. La fiesta estaba llena de menores de edad. Pasó un grupo por el sillón donde estaba sentada y no despegaron los ojos de donde yo también los tenía, qué incómodo, mejor voy arriba a cambiarme de falda, o mejor me pongo pantalón.
¿Un poco más?
Ahora la sangre no deja de chorrear, poco después que se acercara a darme un beso el tampón se desprendió, me asusté tanto con la sangre que cogí la cabeza y me la llevé escaleras abajo examinando de donde provenía. La anfitriona me ayuda, me dice que la herida es antigua… que no hay nada que hacer… déjalo morir, déjalo morir como a quien muere desde hace cuatro meses.
¡Más!
No sé si de verdad nos estamos comunicando. Si ha sido azar o si hemos escogido esto. Si revisas nombres inventados, si hablo para que me escuches tú. ¿Será posible que ni tú ni yo hayamos olvidado algo tan simple como ojos que miran para saber que estás?
lunes, 14 de marzo de 2011
Necesito dinero (última parte)
-¿Qué es eso?– preguntó Carmen.
-Lo usamos en Brasil…
Esperaron un momento observando dentro del vaso, hasta que alrededor de los cristales empezaron a crearse movimientos caprichosos que formaban tormentas, olas, remolinos y más signos de historia acuática. La adivina observaba muy atenta los cambios, elevando el vaso para mirar las profundidades del agua que se encontraba viva, agitada por una fuerza eléctrica. Su rostro, sin embargo, permaneció inmutable durante el proceso; cuando la materia dentro del vaso dejó de dar señales de variación en el movimiento puso éste sobre el lavatorio.
-Qué pena que estés tan cerca de tu muerte…
-¿Los tres remolinos que siguen ahí significan eso?
-Cuando ya no estés aquí ellos quedarán. No tardaron mucho en reaparecer… a eso me refiero.
-¿Reaparecer? No los vi cuando empezó a moverse el agua.
-Así sucede también al nacer…
-¿Por qué se siguen moviendo? ¡Me desespera!
-Siempre se han movido y nunca dejarán de hacerlo.
¿Tres remolinos? ¿Tres remolinos? El espejo no podía mentirle a Carmen, su rostro estaba desencajado y los ojos poseían una sombra roja indeleble; un insondable lastre vital se originó en la nuca, cierto dolor que hasta ese momento jamás le había pertenecido, un desbordante peso que fue depositándose en los hombros y en la espalda, el cuerpo, sabio como siempre, traspuso la tensión en nudos musculares que se generaban desde el esplenio derecho, viajaban por la escapula y se encrudecían en el trapecio: el lado derecho ardía. Pero no se iba a concluir el camino natural, no se iba a llorar delante de la desconocida ni permitirle a la intrusa con patrañas sobrenaturales arruinar el día felizmente planeado de una silenciadora de cuerpos. Fue moviendo lentamente su mano hasta topar el vaso que aún seguía cautivando con su íntegra magia, lo arrastró, lo arrastró hasta que cayó en la cavidad blanca estruendosamente.
- Es simplemente justicia, mueres porque matas.
- ¡Yo nunca he matado a nadie!
-Que te permitas hacer esto sólo demuestra que estás alejada del espíritu aunque creas lo contrario. Estabas cerca, tenías pautas dentro de ti, pero ahora se han evaporado, ahora estás hueca, obedeces a tu ser primario…
-¡No es cierto!
-Solo llenas tus intestinos.
-¿Hay más en la vida que eso, embustera?
Veo hacia la pared y no hay salida. Doy vueltas sobre mi cuerpo que es lo primero, una vez que muera no habrá nada, nada.... Me alejo, corro, ¡tengo que hacer el trabajo, eso es lo urgente!… Discúlpame por hacerte esperar, compañera, una loca enviada del cielo del infierno no sabía mi nombre pero me dijo que moriré pronto. Vamos rápido que por mi tontería se nos ha hecho tarde. Ya estamos en el taxi y ya puedo dejar de disimular ¿verdad? No soy una negociante con su bolsa de rafia azul y gigante, soy tu nueva cómplice, mi negocio necesita de manera imprescindible la bolsa pero para llenarla de algo concreto ahora que ya le vaciamos el aire. Cuando tengamos el bulto de verdad solo queda desaparecerlo, nada más. Pero no solo es por el dinero, son los ligamentos perfectos, las articulaciones tan maravillosamente diseñadas para el movimiento. Para ti es un simple trabajo, lo sé, pero para una escultora como yo… no sabes lo que esto significa para mí, poder apreciar en carne una mano, por ejemplo, ¿sabes cuántos huesitos y músculos debe tener una mano para poder moverse y reflejar una expresión vehemente aunque esté sin vida? El cuerpo es sabio, amiga, eso es lo que quiero representar en mi trabajo, el cuerpo es sabio, hace mucho tiempo plasmo ese concepto en materiales duros que perduren por toda la eternidad… aunque a veces me pregunto, amiga, ¿acaso hay eternidad?... Te miro el rostro, pareces cansada, hasta este momento vengo a conocer tu silencio, silenciadora. De todos modos, gracias por traerme. Llegamos, bien. ¿Ese es el tipo? Bien, que nos dé el adelanto, claro, son mil soles. ¿Dónde está el cuerpo? Oh, una dulce desnudez la de este hombre joven. Ya te conocen. Ya saben que no aceptas cuerpos con ropa, es más difícil deshacerse de ella, dices. Empecemos, enséñame por dónde cortar. Lo meteremos todo en la bolsa. Primero la cabeza…





