lunes, 27 de septiembre de 2010

Realmente chiquita

Dos semanas después pasaba por el parque renegando porque el carpintero no habia terminado ese trabajo esencial que le habia encargado hacia semanas, y ya era la segunda o tercera vez que iba a recogerlo y me volvia a mandar a mi casa con las manos vacias. Pasaba por el parque y empeze a oir ese maullido agidisimo detras de una señora que paseaba a su perro. Al principio no le tome importancia al sonido pero se fue volviendo mas agudo a medida que la señora con su perro desaparecian de mi campo visual, y de pronto aparecio ella, crema, de orejas puntiagudas y rostro triangular, del tamaño de una naranja, si, asi de chiquita. Estaba acurrucada entre sus cuatro patas y el suelo lanzando sus maullidos a la nada. No podia hacer otra cosa que llevarmela a casa. Como mi madre no suele asimilarlo de manera simpatica la escondi, le di de tomar un poco de leche en una jeringa luego de envolverla en trapos blancos y la deje durmiendo en una parte del segundo piso de la casa donde no hay nadie. Al regresar depues de algunas horas la revise con cuidado, parecia enferma y estaba demasiado flaca. Sus ojos de marciano eran gigantes, su excremento amarillo casi fluido embarraba toda su cola. Tenia que darse un baño. Calente agua en el microondas y luego la lleve al lavadero, jabone a la chiquita suavemente con el agua tibia susurrandole que no hiciera ruido, que yo la iba a curar, que si maullaba fuerte mamá nos podia descubrir y la cancion! Supo mantener justa su voz. Estaba toda mojada pero limpia, parecia mas contenta. La envolvi en nuevos trapos blancos y la arrime contra mi pecho para calentarla lo mas que podia. Para esto ya le habia pedido a mi madre que me preste la llave de su cuarto para ver television echada en la cama. Asi estuvimos las dos, echaditas, calentandonos, yo con la jeringa llena de leche intentando que se la tomara, ella consumiendola despacio cerca de mi pecho, su hambre era voraz seguramente pero su cuerpo muy debil.

Cuando mama venia a su habitacion para dormir me fui a la mia con la bebe. Y dormimos juntas toda la noche, apachurradas, ella en mi regazo. Entre sueños recorde cierto sueño de una gatita...

Por la mañana tenia que salir, asi que la deje durmiendo otra vez en esa parte del segundo piso, despues de darle de comer. Le deje un platito con leche por si se animaba a caminar y alimentarse por si misma. Regrese a la hora del almuerzo. En ese momento baje con ella, ya habia pasado la noche en la casa, ya podia presentarla. Mi madre se escandalizo, no le gusto la gata porque era muy chiquita y parecia enferma: Ni quince dia de nacido tendra, no se va a dar cuenta, ademas es hembra, no, no, le torcemos el pescuezo no mas, pobre animal esta sufriendo. Mi padre era de la misma opinion, sentado a la cabecera de la mesa miraba los ojos de mi madre que de pie observaba inquiriosa como le acercaba retazitos de comida a la boquita de la gata bebe que tenia en mi regazo. No queria que me molestaran mas, ella ya era mia. Me retire de la mesa mientras hablaban de baldes con agua, de muerte inmediata. Fui al cuarto de mi papa donde deje a la gata dormidita bajo todas las colchas que le procuraban calor. Ese cuarto fue, porque estaba en el primer piso, porque en ese cuarto deje mi jugo de fresa cuando ya la habia hecho reposar poco antes del almuerzo en esa misma cama. El jugo seguia ahi pero aun no tenia ganas de tomarlo. Fui a la computadora. En ese cuarto estaban mi jugo, mi gatita. Casi una hora despues apague la computadora pensando recoger mi jugo, mi gatita, mi reposo junto a ella, un rato calentarla, amamantarla, limpiarla. Cuando entre mi padre estaba echado en su cama tomando su acostumbrada siesta. Y entra la almohada y su cabeza... grité, ¡como pudiste no darte cuenta! ¡La mataste! ¡La mataste!... El jugo se acompaño de gotas tambien mias. No negaré que en el rostro de mamá habia algo de pena despues de tirar el cuerpecito de la chiquita a la basura.