miércoles, 28 de diciembre de 2011

¡Soy inocente!

Chicas -incluida José-, las acompañare de todas maneras este jueves pero lamento que no podre tomar mucho porque acabo de recibir una noticia que cambiara mi vida para siempre: estoy embarazada!!! SIIIII!!!! van a ser tías!!!!!!! :) tendré que limitar el alcohol, PERO NADA MAS!!!, porque estoy muy antojosa y como lo que sea que mire, además aun esta chiquito así que me puedo seguir moviendo para bailar. No me pregunten quien es el papa, es lo de menos, ya hubo una María cuyo hijo se lo atribuyeron al espíritu santo, porque yo no? Nos vemos el jueves, piden sus deseos de año nuevo tocándome la pancita!!!

ines maria.


Querida Txxx!, este es un mensaje importante, quiero que seas la primera persona que se entere de esto: he decidido volverme lesbiana al 100%, es q ahora q estoy sola me fijo en hombres y mujeres y es un poco desconcertante, por eso he decidido concentrar todas mis atenciones e intenciones en ese género tan maravilloso con el que dios nos supo bendecir desde nacimiento, ¡qué mejor idolatría! no te parece?, lo primero que voy a hacer ahora que soy completamente lesbiana será buscar una por una a todas las mujeres que me gustaron alguna vez y conquistarlas :) Sera como una aventura, muy divertido. Ya soy lesbiana, Txxx, ahora no me pidas desvaríos como que me quede con una mujer no mas! en la variedad está el gusto!
Te llamo, o llámame cualquiera de estos días para ir a un bar que conozco donde podemos hacer cacería, mil besos!

ines maria.


Querido Gxxx, me siento muy mal por todo lo que ha pasado entre nosotros, me gustaría salir un día a conversar sobre ello, y que me propongas matrimonio otra vez, no sé, tal vez si me lo repites varias veces me voy haciendo a la idea, en verdad necesito alguien que me quiera -como toda mujer, estoy desesperada porque un hombre me ame-, cualquiera, por eso pienso que está bien, que puedes ser tú, además has sido uno de mi mejores amantes :), vayamos al cine te parece?, me propones matri de nuevo y luego me presentas a tu mamá.
call me!

ines maria.


HOLA Mxxx!, no te molestes pero he hablado con tu novia, CON TU EX NOVIA, y le he dicho que ya no se interponga entre nosotros, me insulto, me dijo fea, maldita, zorra!, yo le dije enana chueca y glotona -como si fuera la más alta jajaja- bueno en fin, la cosa es que está de acuerdo, ya no te va a buscar más, no te llamara mas, ¡por fin nos dejara libres para vivir nuestro amor! :) alégrate!
llámame pronto para ir a la playa, a ver si regresando nos quedamos por ahí para un "uno al paso" y alquilamos un "pornosotros", mil besos!

ines maria


Te decía, queridísimo Axxx, que estaba pensando en lo nuestro. ¿Porque no formalizamos de una vez? No te lo había dicho antes, es algo muy delicado, la verdad es que de chica tuve tuberculosis y parece que ahora me ha regresado con fuerza por todo el humo que inhalo en el bar donde trabajo, tu sabes, estoy tose y tose. Tengo miedo de ir al médico pues quizá me dice que me queda poco tiempo de vida, si es así esta sería mi última celebración de año nuevo. Mi mayor sueño sería no estar soltera para entonces, sería una moribunda soltera, nooooo!!! Bueno, me avisas, besos!

ines maria.


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Bromitas que hice el año pasado, en esta ocasion tan permisiva, ¡Feliz día de los inocentes!

(qué rápido ha pasado un año)

El mundo es dulcemente absurdo...

jajajajaja!!!!

Entiéndase bien,

mi risa no es "cachacienta" ni vulgar, es carnavalesca :D

domingo, 11 de diciembre de 2011

Reseña de teatro

Mañana es la última función de esta hilarante obra, con un elenco de lujo en el renovado Teatro Larco de Miraflores, bajo la dirección de David Carrillo. Para los que recién se enganchan ;) estas son reseñas que se publican en el diario La República, como ha habido varios cambios en el periódico, que ahora luce un remozado nuevo diseño por sus 30 años, no se ha podido seguir la regularidad de una reseña cada dos viernes. Con los nuevos aires del año venidero esperamos que vuelva la regularidad y que vengan más reseñas, porque eso significa más teatro en nuestra ciudad!!!
Y AHORA QUE NUESTRO MINISTRO DE CULTURA ES UN HOMBRE DE TEATRO, QUÉ MEJOR!!!

Martes 6 de diciembre del 2011
EN LA OTRA HABITACIÓN (O LA OBRA DEL VIBRADOR)
En Nueva York del año 1880, el Dr. Givings, científico, utiliza un aparato maravilloso para curar la histeria: un vibrador. La puesta de esta obra histórica, escrita por Sarah Ruhl y finalista al Premio Pulitzer 2010, origina la pregunta: ¿aún se tiene la impresión posfreudiana de que la histeria tiene como principal causante al sexo? En contexto de la obra En la otra habitación es el boom de histeria que atacó a las mujeres a finales del siglo XIX. Un ataque que, curiosamente, coincidía con el apogeo de la imagen femenina como “ángel del hogar”; esta visión inglesa restringía a la mujer a la calidad de “santa”, por ende, la mujer no tenía ni conocía ni debía aspirar a sensaciones conscientes de placer.
Así, la obra muestra cómo la sexualidad es tratada con frialdad y desde una mirada exclusivamente cientificista: la histeria se origina por “jugos” en el útero que se deben evacuar con la ayuda del vibrador. La unión de sexo y amor es algo velado. La esposa del Dr. Givings acaba de tener el primer bebé de su matrimonio, sin embargo, la relación con su esposo, abocado a curar la histeria de otras mujeres y hombres, no cuenta con la confianza de dos personas que se aman.
Muy agradable la puesta dirigida por David Carrillo, detallista y enfática en la importancia de manifestar el amor con plenitud.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Fábula de los cuerpos calientes

Odio a esa profesora, solo porque falté a una de sus clases y a la siguiente llegué un poco bastante tarde, es cierto, pero solo por eso me mira con esa cara de enojada zorra de la pradera. Mientras me regaña no puedo evitar bajar la cabeza y a la vez subir los parpados para observar por un resquicio de los ojos elevados su busto apretado rebalsando de su delicada blusa blanca. Maldita, la odio y a la vez…
-Bueno, y en cuanto a la tarea de mañana, chicas, espero que se hayan preparado para la exposición como les dije, con reuniones grupales, ya saben que preguntaré a todas sobre cualquier punto del tema.
-Señorita – la llamé a mi lado- Como yo falté, mañana puedo presentar un monólogo.
-Sí... –y entonces vio mi sonrisa tan segura y descabellada que no le gustó-, pero mejor no, mejor tomas apuntes de tus compañeras y luego me lo presentas por escrito.
-Pero señorita…- me dejo con la palabra en la boca, con ganas de apretarla, retorcerla, hacerle abrir sus gruesos labios y vaciar ahí mi saliva.
Entonces comencé con las habladurías y las inscripciones en las puertas de los baños. Siempre me habían parecido absurdas pérdida de tiempo y no me imaginaba qué clase de chica tan tarada podía estar más atenta a las frases escritas alrededor del wáter que a su propio depósito fecal. Pero también me daba cuenta que funcionaba, precisamente porque la tozudez no era algo poco extendido en mi mediocre escuela. No sería difícil, cogí mi plumón negro y lo escribí con nombres y apellidos. Alguna vez los vi hablando juntos mucho más íntimamente de lo que corresponde a un director y a una profesora, más de una vez los vi tomando una taza de café y mirándose alegremente. Era tan fácil imaginar los posteriores besos y las gimientes risotadas sobre la cama. ¡Y cuánto la amaba! ¡Cuánto se la follaba en mis escritos!
Ella, sin embargo, era una cándida. Eso lo supe después cuando necesitaba más historia y empecé a seguirla. Del trabajo a su casa, de su casa al trabajo. Era una aburrida. Pero tenía que comprobar si seguía siendo así los fines de semana, el asunto lo resolvería con una amiga que también se prestó para el amasijo de lodo que estaba formando y en el que me ayudó prestándome su letra, sí, ahora ella escribía mientras yo le dictaba. Dejamos dicho en nuestros respectivos hogares que cada una dormiría en casa de la otra. Sólo teníamos 15 años pero después del maquillaje y del cambio de ropa atolondrado en un parque oscuro ya parecíamos de 18. Y luego a esperar. Era noche de sábado, era imposible que ella no saliera, tan joven y tan rica.
Así pasó. La seguimos hasta un barcete de mala muerte que quedaba en el centro de Lima, ni siquiera nos pidieron documentos. Ella estaba sola en la barra, deslumbrante y sagaz, parecía que la zorra estaba de cacería. No podía esperar el momento en el que ese hombre se apareciera y tomáramos la foto que comprobaría todas mis habladurías. Verlos por fin fuera de la escuela, besarse sin miedo, agarrarse las manos, que él la coja de la cintura con fuerza. Pero quien se apareció fue otro. Un jovenzuelo con cara de duende, de cuerpo lánguido y palidez famélica. Él no iba a poder con ella, ella era un suculento torrente de fuego apasionado, ella se desnudaba en su cuarto apenas cerraba la puerta y veía su cuerpo reflejado en el espejo para aullar a solas, ella se echaba cremas antes de dormir para perpetuar su belleza, ella dormía sola son sus peluches azules tal como yo hacía, ella a veces soñaba conmigo. Cuando comenzaron los besos me daban unas ganas de explotar y que pedazos de mi carne le llegaran a la cara; salí corriendo al baño.
Al regresar, luego de estar más atenta a las paredes del wáter que a mi propio depósito líquido, mi amiga encuerada y de ojos pintados de negro, con su carita de perturbación, me dijo que ya se habían ido, no solo cogidos de la mano sino entrelazando sus dedos, fuertemente entrelazados sus dedos. Ambas sabíamos lo que eso significaba.
Nos quedamos a tomar los últimos sorbos de la única cerveza que compramos, mientras tanto pensaba. ¿Acaso la maestra lo ama? Pero si… ¡es un duende!, lo imagino arando su jardín de duende, poniendo nomos en su jardín y alimentando en un platito de plata a su gato bastardo que sería el único rey de la casa que habita. Lo imagino con su sombrero de copa color verde y su trébol de cuatro hojas al costado. ¿Acaso la maestra lo ama? Sí, es mejor convencerse, y yo me equivoqué, la cagué, me entregué demasiado una vez más, no volveré a escribir. A ella no le va a importar nada de lo que pueda decir de ahora en adelante.
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-Ay José, imagínate que andan diciendo por allí que tú y yo nos paramos revolcando…
-Si eso fuera cierto Lima no sería tan gris.


pa romper la discoteca!!! Entreténme mientras esté aquí, please!

lunes, 14 de noviembre de 2011

Reseña de teatro

La fiesta de cumpleaños, del Nobel Harold Pinter, dirigida por Chela de Ferrari. Temporada en la Plaza Isil. A verla, esta increible, desentraña el misterio tú mismo.

Viernes 11 de noviembre del 2011
LA FIESTA DE CUMPLEAÑOS
Una cotidianidad distorsionada. Lo único que sabemos del huésped es que es un pianista “fracasado”. La dueña de la pensión, por su parte, es una anciana con la ternura de una niña, servil y maternal, sin dejar de tener ciertos toques eróticos. En un escenario impecable que va llenándose de moho, la aparición de dos sujetos enternados desencadena el conflicto. ¿Quiénes son? Antes de la fiesta de cumpleaños organizada para el pianista, lo interrogan a solas como si se tratara de un fugitivo, un delincuente, un amante desertor. Ningún espectador podría afirmar o negar tales acusaciones; tal vez su único delito sea haber permanecido un año en la más absoluta abulia. Tampoco se sabe de dónde llegaron estos “agentes” enternados, si persiguen una causa justa o a quién obedecen. La ambigüedad y el absurdo hayan su origen, sobretodo, en la neutralidad de su carácter. Es un acierto de Chela de Ferrari, la directora, el no haberlos presentado siniestros desde el principio; la maldad asusta, pero más asusta el no saber. En la fiesta, por ejemplo, el momento más tenebroso ocurre al apagarse las luces, cuando solo reconocemos a los personajes por sus voces, y sus gritos.

Así, la obra cuenta con cierto misterio que se mantiene hacia el final: el pianista es arrancado de su desidia, de la cómoda pensión, de su “fracaso”, pero sin poder hablar. El dueño de la pensión no pudo impedir que los “agentes” se lo llevaran, solo atinó a gritarle: “No dejes que te digan lo que tienes que hacer”.

martes, 8 de noviembre de 2011

Sé que está mal, pero igual lo hago

Esta vez no quiero hablar de las ratas. Aunque habían muchas. Los policías fueron a rescatar a los dos jóvenes que se resistían a matarlas, que las habían criado como si fueran bebés, que las dejaban reproducirse inundado toda su casa; cuando los policías fueron al alcantarillado a auxiliarlos, porque los adolescentes, chico y chica, estaban tan inundados de ratas que habían decidido abandonarlas en el desagüe, encontraron a la mayoría de los roedores flotando en las aguas turbias que navegaban con dirección al oeste, y a los dos chicos, cada uno con un canasto sobre el regazo. Dentro del canasto sobresalía el rumor de unas mantas de tela cálida de bebé; y por entre las telas, los pericotes más chiquitos, con ojitos de pepitas de uva, ¿quién se atrevería a hacerles algo?
Pero no de las ratas, mejor del mar, mejor de un domingo que empieza a ser primaveral y tibio. Hablemos de las ratas del cielo: un palomo gigante que se pudo observar desde la ventana del Hospital París, donde un par de seres fue a lamerse ciertas heridas interiores. Así ocurre en este hospital, es un centro médico que cura fracturas emocionales, corazones rotos, compromisos deshechos, almas desgarradas. Hace un buen trabajo aunque solo cuenta con una cama, una cómoda y un baño. Y muchas palabras de consuelo.
Entre esas palabras encontramos a “una linda-mujer-chiquita” que escribía todos los domingos sobre la pista “Ese Frank existe”, con una tiza azul. Pensó en escribir sobre las paredes de los edificios grandes, sobre el cielo también azul, sobre los muros de las iglesias, repetida mil veces enorme y brillante por toda la ciudad para que el dueño de la frase la encontrara de una vez y se la guardara para siempre en el bolsillo. Pero no, no lo hizo, se decidió, casi como siempre, por el “no-hacer-nada”.
Nos fuimos de pesca. ¿Nos fuimos de pesca? ¿Quiénes? La orilla era un mar transparente y los gusanos salían de la arena obsequiándose como carnada. A la derecha se ofrecía el piso largo de un muelle cuyo final no llegábamos a distinguir por su altura desembocada hacia el mar. Y a nuestra espalda su continuación o su inicio, lo que nos servía del muelle para darnos sombra. Los peces también se regalaban a nosotros que éramos un padre, un hijo niño y una hija adolescente. Había sonrisas ligeras pero sobretodo silencio y rumor de mar translúcido en el que se podía observar con la claridad de una hermosa luz cómo los peces ansiaban una mirada. La niña o adolescente, trece años tenía, estaba incómoda, miraba al padre aún joven y ya meditabundo, a su hermano aún niño y regordete pisando torpemente la arena; se miraba a ella misma, sus piernas blancas, su short, sus brazos, el juego único de introducir el gusano en el anzuelo. De la madre nunca se supo… Ellos parecían ser el sueño de una madre equívoca.
Tan equívoca y reticente que mientras escuchaba un recital de piano se sintió viajar dentro del cuerpo de un pez de escamas prismáticas, que reflejaban la luz en multicolores. Luego de atravesar el interior vacío y las costillas asalmonadas, salió del pez por la puerta trasera hecha de madera y se encontró en un mundo completamente blanco. Sin piso, sin techo, sin fondo, sin ningún plano. Era el universo del papel en blanco o de la tabula rasa. Y ella cabía dentro. La orientación no era necesaria, pero tentando la explicación de aquella nada, una fatalidad se le hundió en medio de la frente como un flechazo inicuo de pulsión: acaso no volver a amar.
Ya era demasiado tarde: ella ya yacía desnuda dentro del capullo de un tulipán rosa, flor que había surgido de la nada para cobijarla en medio de ese mundo blanco, cobijar su piel envuelta como un feto, su cabello largo, sus ojos cerrados. Un capullo que se iba cerrando en medio de una luz blanca y rosada, pétalo tras pétalo hasta desaparecerla.
Ya era demasiado tarde: cuando los policías recogieron los canastos con los pericotes y sacaron a los muchachos del alcantarillado, la chica, de tan solo trece años, se desmayó después de decirle lo siento lo siento, al muchacho. Cerró sus ojos al caer para nunca más volver a abrirlos. Su pelo castaño estaba pegado a su frente y a sus mejillas por el sudor. Él, que tan solo había querido tener una causa, un motivo, una razón junto a ella, cerró los puños para no llorar.
Pero mejor del mar, mejor del azul que no es el azul de la tiza sino del mar, y mil veces más del mar, azul que es rosa, azul que es blanco, azul que flota como la libertad.

esta podria ser para las ratas
SOY UN INTERNADO - WARRIOR


esta podria ser para el tulipan rosiblanco
AY ESTE AZUL - MERCEDES SOSA

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Reseña de teatro

Cosecha (Trilogía de las altas llanuras), obra de David Wright Crawford, con la dirección de Francisco Lombardi, temporada hasta diciembre en la Alianza Francesa.

Lunes 31 de octubre del 2011
COSECHA (TRILOGÍA DE LAS ALTAS LLANURAS)
Un hombre que no puede renunciar a sus raíces, que nació en una granja y siente que lo más natural es morir en ella. Una esposa que lo ama pero no ama la granja tanto como él. Cosecha es una obra de personajes realistas, enfrentados entre sí. En un contexto en el que la experimentación teatral (en la dramaturgia y en la interpretación actoral) se ha vuelto un denominador común, una obra realista de personajes que no se enmarcan en una vivencia cultural cercana a la peruana, se torna por lo menos imprevista. De la obra, sin embargo, un espectador atento podrá rescatar ideas acerca de la vida aunque la experiencia estética no resulte tan atractiva. El escenario no se mueve ni se manejan mayores efectos de luces en los tres cuadros que representan la vida de este hombre en su juventud, en su madurez y en su vejez. Pero este estatismo está muy de acuerdo, precisamente, al estatismo del hombre. Y es que cuando uno ama una idea, una tierra, una persona, cumplir el sueño es permanecer a su lado. La cosecha será, entonces, una buena cosecha.
Lo que sí cambia son los actores que interpretan al hombre, otorgándole un rasgo personal particular en cada cuadro. Y un nuevo rostro que aún sigue mirando con amor la granja. Tal permanencia en el tiempo a pesar de los rostros es lo que llega a conmover: se percibe el sentido de lo trascendente. Lombardi quizá se ha preguntado a qué tipo de público está dirigida la puesta, una lástima sería que su formato limite a un público joven.

viernes, 28 de octubre de 2011

Reseña de teatro

La alucinante experiencia de Hormigas, escrita y dirigida por Jaime Nieto, ultimo fin de semana, no se la pierdan!!!!

Viernes 14 de octubre del 2011
HORMIGAS


Extravagancia desde las primeras escenas, donde la bella Ana, con su bata de seda y sus sandalias de taco, es violentada por su esposo Tomás. Conflictos de dinero y sexo en primer plano. Por otro lado, la mente retorcida de Alejandro, hermano de Ana: él no solo colecciona hormigas, vive obsesionado con ellas, no trabaja ni estudia por ellas. Dinero, sexo, algo de locura. Luego, el atípico “criado” homosexual que ayuda a Ana a encubrir a su amante, un jovencito vividor con quien Ana despliega toda su sexualidad.
La obra Hormigas, de Jaime Nieto, se presenta como un vórtice continuo de acciones en el que cada personaje descubre su ser inquieto sin enmascaramientos. Gertrudis parecía ser el espécimen celestial que salvaría, con su virginidad y su recato, a los demás miembros de la comunidad. Pero no, no se da la historia de amor en la que ella era la hormiga reina para Alejandro, la oscura fuerza del destino o la insania propia de todos los seres humanos termina atrapándola. A veces pasa, siempre pasa. Perdida ella, la degeneración es absoluta. Los personajes se vuelven seres errantes alrededor de un vacío perenne. Nada colma la existencia salvo el sinsentido. La obra postula desde eventos surreales e impredecibles, que no hay ninguna esperanza en este mundo moderno de sexo, dinero, locura. Además las drogas y la música nocturna. El DJ y su bar “a donde todos vienen a morir un poco”. Frágiles como hormigas somos cuando, como a ellas, se nos borra el “caminito”.

domingo, 23 de octubre de 2011

Boqueando de amor como un pez fuera del agua

Me gustaría escribir una novela que se titule Las mujeres limpian, algo que he ido reconociendo en obras escritas por hombres, algunos hombres que piensan que las mujeres… limpian. Me gustaría que esta novela le saque la vuelta a la frase y que el concepto “limpiar” esté enmarcado en una metáfora que traslade la llana acepción de limpieza material a una reveladora significación de limpieza moral. La mujer se convertiría en una especie de heroína capaz de enfrentarse a delincuentes, corruptos y prejuiciosos. La mujer envolvería el mundo con todo el amor capaz de surgir únicamente de su corazón.

Iba caminando por las calles de un barrio pobre en las afueras de la ciudad, con sus muros de ladrillos sin tarrajear, pintados malamente de color blanco. La pista subía por las faldas del cerro que formaban inclinadas colinas. Aún vestía uniforme escolar y mis zapatos negros de colegiala contrastaban con la tierra que pisaba, no había veredas en aquella calle. Al levantar la vista, al final de la cuadra dos pirañas le robaban a un chico de camisita blanca con chompita azul, pantalón de tela y pelito ensortijado. Lo jalaron, lo golpearon, lo estrujaron, rápida y violentamente. Me dio tanta rabia no poder hacer nada, tanta rabia que el otro joven que también veía el asalto no pudiera hacer nada. Parecía que los rateros ya habían terminado con su trabajo cuando mi lengua no pudo sostener a mi rabia y gritó insultándoles, rateros de mierda, desgraciados, malditos. El otro joven se contagió de mi ímpetu y también les insultó. Entonces se escucharon los disparos. Primero al otro joven que pudo agacharse, esquivarlos; luego a mí que ya había volteado hacia la derecha y me iba a mi casa. Después de haberles insultado ya me iba a mi casa, ya había volteado hacia la derecha, las refriegas del otro joven las escuché casi sin querer, y no llegué a ver cuando los asaltantes dejaron a su víctima para coger cada uno su respectiva pistola. Por eso la bala rosó mi yugular izquierdo. Sentí un pellizco intenso y luego algo tibio, la sangre resbaló por el cuello manchando la blusa. Como un reflejo maquinal mi brazo se movió hacia el nuevo río ardiente y mis dedos oprimieron su irrefrenable flujo como pudieron. Todo se tornó gris, antes de caer por un desmayo pedí ayuda.

Estoy sobre una camilla en el hospital, respirando con dificultad, aún con los dedos salvándome la vida, pero sola. ¿Es que acaso no hay ninguna presencia aquí? ¿Es que tengo que esperar? La respiración ya no me sale tan fácil, casi duele, me cuesta por más que abro la boca, cierro la boca, abro de nuevo. Qué ganas de soltar la mano y aflojar las riendas de ese hilo rojo que me sostiene consciente. Sería tan sencillo, ahora, en la ausencia de todos, en la imposibilidad de que me detengan. Los dedos se deslizarían lentos, resbalando con un tiempo mínimo casi microscópico, como los glóbulos rojos que estarían a punto de recibir una puerta hacia la libertad. Pero pronto se empiezan a escuchar ruidos de pasos apurados, sollozos, herramientas de cirugía.

Ahora sigo aquí, pensando que la verdadera valentía reside en quedarse, en sostener con todas las fuerza del mundo esos dos dedos sobre el cuello por más que la herida haya sido inmensa. Y luego, ayudada por la presencia de todos, vivir para poder decir que he sido valiente.

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Ayudada por tu presencia, aunque esporádica, total. Esta es la parte en la que debo confesar que cuando estuve a punto de morir pensé en tus besos venenosos. Sea lo que sea que signifique, hay una frase suelta que encontré por ahí cuando compartí con un amigo cómo me sentía, cómo me acordaba de ti… y es que así estoy: boqueando de amor como un pez fuera del agua.

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Llorando. Canción en la cinta de David Linch, Mulholland Drive. O puedes llamarla El camino de las sueños, título en español.


domingo, 16 de octubre de 2011

CARTA AL AMIGO PUQUIANO

CRÓNICA DE UN RECORRIDO POR LA RUTA ARGUEDAS o de cómo conocimos a su amigo Demetrio Ramírez.

“No olvido los formidables días que pasamos juntos en esa nuestra santa tierra, cuando me auxiliaste a hacer el estudio de la Sequia”, así comienza la carta que José María Arguedas mandara el 20 de octubre de 1966 a su amigo puquiano Demetrio Ramírez. Un hombre que a sus 90 años tampoco olvida; al contrario, los recuerdos del amauta aparecen tan vívidos en su memoria como los de aquel día en que, por primera vez, un automóvil surgía por la reciente inaugurada carretera del pueblo ayacuchano de Puquio.

Los indios comuneros puquianos construyeron 150 km de carretera en tan solo 28 días; mientras Arguedas se convertía en testigo clave de esa fuerza desplegada, Don Demetrio, a sus cinco años, se escapaba del patio de su casa para ver la maravilla de marca Hudson, color plomo, cuya bocina sonaba como un burro: "¡qué feria ni feria!, ¡qué fiesta ni fiesta!, ¡eso era gente!". El pueblo entero observaba el automóvil entre empujones.

Conocimos a Don Demetrio Ramírez en Puquio, pero nuestro itinerario arguediano comenzó antes. Fuimos tres los sanmarquinos interesados en recoger parte de los pasos de Arguedas por la sierra central: Gustavo Gutiérrez, comunicador social, Sergio Ccencho y María Inés Vargas, de literatura. Nos conocimos en el Teatro Universitario hace algunos años y compartimos el interés por la obra de Arguedas, al punto que hace poco se realizó, junto a otros compañeros, un performance denominado Kachkaniraqmi, basado íntegramente en sus textos. Kachkaniraqmi se presentó en La Casa de la Literatura, al inaugurarse la exposición por el centenario del natalicio de Arguedas.

Puede convertirse en un estimable circuito cultural lo que llegamos a denominar “ruta Arguedas”. Ya nos habíamos informado que en San Juan, el pueblito donde el amauta vivió de niño, era muy difícil encontrar un hospedaje o transporte; por ello, la parada debía ser en el distrito de Lucanas. Allí alquilaríamos un taxi, pero ¿dejar nuestras cosas en el auto mientras bajamos a reconocer los escenarios del cuento "Agua"? Nos habían informado, también, que no habría ningún peligro pues en dichos pueblos ayacuchanos, a pesar de la violencia vivida, no hay maldad o, en palabras arguedianas, no hay rabia en los corazones. Contratamos a Virgilio, un excelente taxista-guía que nos llevó en su auto hasta las profundidades infernales del cerro Chitulla. Sí, Virgilio fue nuestra Beatriz.

Y nuestro mejor mapa, el cuento “Agua” de Arguedas:

"— ¿Y Chitulla? A su barriga seguro entran cuatro Kanraras.

Los indios miraban a uno y otro cerro, los comparaban, serios, como si estuvieran viendo a dos hombres (…) Las quebradas de Viseca y Ak’ola contestaban desde lejos el relincho de los comuneros.

—Viseca grita más fuerte.

— ¡Claro pues! Viseca es quebrada padre; el tayta Chitulla es su patrón; de Ak’ola es Kanrara nomás.”

No es exagerado lo de “profundidades infernales”. Al pie del cerro Chitulla hay socavones de una antigua mina; el cerro, receloso de los tesoros extraídos por hombres desagradecidos, ha hecho morir a varios con convulsiones y emanando sangre por la boca. Para acercarnos con respeto, nos aconsejaron ofrecer un tinkachu o pagapu. Fue lo primero que hicimos al llegar a la Hacienda de Viseca, ubicada a orillas del río Viseca y al pie del Chitulla. En sus tobillos –es una montaña imponente–, le ofrecimos vino, hojitas de coca y cigarros.

Hay iniciativas municipales para poner en valor la Hacienda de Viseca. Ahora luce abandonado este lugar donde Arguedas se iba a jugar de niño. Virgilio nos explicó que el techo de una de las habitaciones se ha reconstruido hace poco, que la total reconstrucción y la apertura de la hacienda como una casa-museo es algo que él espera pues le han pedido hacer esta ruta ya varias veces. Recorrimos el pueblo minero de Uteq, que Arguedas cariñosamente llama Uteqpampita, y luego el morro de Santa Bárbara, ahí donde al final del cuento “Agua” el niño Ernesto grita, mirando al tayta Chitulla: “¡que se mueran los principales de todas partes!”.

Ya en San Juan, nos dirigimos a la casa de la madrastra. El dueño nos explicó: "Arguedas vivió aquí pero esta no es su casa". Sin embargo, el patio está adornado con motivos del centenario. El dueño ha recibido visitas hasta de japoneses, y el interés que tiene la casa lo ha impulsado a conservar ese patio aunque no cuente con ningún apoyo municipal. El pueblito de San Juan luce tranquilo y apocado, tal vez como lo retrata Arguedas en su cuento “Agua”, con el mismo revestimiento interior aunque las columnas de la plaza se hayan derribado hace años.




Antes de despedirse, Virgilio nos dejó en el paraíso: Puquio. No porque sea el lugar más modernizado, sino por la vivacidad pacífica de las personas y, sobretodo, porque allí conocimos más de Arguedas que muros, patios, ríos o montañas: su gente. Para empezar, la entrañable amabilidad de Don Demetrio Ramírez sumada a la de sus hijos Raúl y Serafín, quienes después de contarnos sobre Arguedas y mostrarnos la carta, refrescaron nuestras gargantas con el licor dulce de la cerveza y la amistad. Don Demetrio nos contó que tenía un montón de cartas y postales de Arguedas, pero que en los años de conflicto los tuvo que quemar para no ser sorprendido con ellas en el “rastreo”, ser apresado, despojado de sus hijos y tal vez desaparecido. La carta que nos mostró fue la única sobreviviente. En ella, Arguedas solicita a su amigo puquiano albergar a los doctores franceses Chevallier y Piel, quienes estudiarán los despojos de tierras que los mistis ejecutaron a los comuneros para conformar las grandes haciendas, a inicios del siglo XX.

La fuerza y la generosidad están en Puquio, tal como lo señalara Arguedas, a pesar de los muchos años transcurridos. ¿Cómo llegamos a Don Demetrio? Gracias a la gente. La muchacha que nos vendió los pasajes a Andahuaylas (donde teníamos nuestro próximo destino), nos presentó a un profesor quien a su vez nos habló de Don Demetrio; la muchacha llamó a alguien por teléfono y luego dijo "sí está en su casa, visítenlo".

La cordialidad, sin embargo, no exime a los puquianos de un mea culpa al no recordar los huaynos antiguos que Arguedas grabó. En la Peña Kuyayqy Puquio sucedió así cuando pedimos que tocaran alguno de esos huaynos, el maestro de ceremonias declaró el mea culpa: “Y nos preguntan muchos temas de José María Arguedas, pero hay cositas que nosotros, a pesar que somos puquianos, no lo sabemos, hay una incógnita interesante que vamos a tener que estudiarlo.”

Puquio fue el paraíso porque, además, logramos vivir en carne propia la Fiesta del Agua o de la Sequia, la fiesta que Arguedas contempló. El ritual de los auquis o sacerdotes, los juegos escénicos de los llamichas con los negritos, la destreza de los danzantes de tijera, el vigor de los músicos y las melodías del violín y del arpa, el baile de los hombres y mujeres haciendo retumbar el suelo del mundo. Arguedas, ¿el telúrico?, no; Arguedas el que conoció el valor de la vida original.







No sería descabellado institucionalizar una “ruta Arguedas” que pase la segunda semana de setiembre por Puquio, para que el visitante disfrute y aprecie la cultura andina en su más íntima expresión. Una ruta que luego pase por Abancay o vaya hasta Andahuaylas, como hicimos nosotros. En este último destino asistimos a la Feria de Andahuaylas, que abre los domingos y es la más grande del sur del Perú. Luego, dos hitos nos esperaban: la tumba y la Casa Arguedas. La municipalidad de Andahuaylas es la que más se ha preocupado por establecer el paso arguediano; la tumba yace en un complejo monumental ubicado en el centro de la ciudad y la Casa Arguedas ya se institucionalizó, entre otras dos que dicen también haber albergado al amauta. En aquella casa vivió hasta los dos años de edad, se presume, antes de irse donde la madrastra, en San Juan. Después de un emotivo encuentro con sus restos –y de aseverar con nuestra llegada lo señalado en el epígrafe: Llaqtaypiñam Kachkani–, la Casa Arguedas fue nuestro último lugar de visita; llegar ahí significó el fin de nuestra ruta pero también un retorno a lo que fue su punto de partida, un preciado retorno, cien años después.