sábado, 3 de agosto de 2013

Tu amor es un sueño rancio

Mi nueva casa era muy grande. Varios amigos quisieron acompañarme en esa aventura llamada independencia. Tu cocina, tus ollas, tus cucharones, tu propio fuego. Había habitaciones que sobraban y un patio gigante donde podía hacer ejercicio. Esto atrajo como moscas a las chicas nuevaoleras que se ejercitan matutinamente en mallas con música de fondo, sobre colchonetas. Entonces, llamo ella. La amiga menudita de rizos castaños, de mirada dulzona. Amiga, ¿tú crees que me pueda quedar un par de meses en tu casa?, mientras encuentro algo, lo que pasa es que es urgente que salga de la casa de mis padres, tú entiendes. Claro, por supuesto que sí, le dije. Pero, pucha, durante el tiempo que te quedes sería bueno que pagues al menos tu consumo, la luz, el agua, porfa. De todas maneras, me dijo, y también me encargare de tener siembre la nevera llena, y culmino la frase con sus risitas cerradas que la hacían ver tan simpática.

Así pasaron algunas semanas. Nunca habíamos sido íntimas, así que tratábamos, cada una, de mantener nuestro espacio. No recuerdo que alguna vez hayamos coincidido ambas en la sala, por ejemplo. Si la encontraba viendo televisión al llegar a casa, la saludaba y pasaba de largo a mi cuarto. Cuando ella me veía a mí en la misma situación, también se iba derechito a su cubil. Pero siempre con sonrisas y palabritas de cortesía, por supuesto. Lo que si hacíamos juntas era desayunar; solo en ese tiempo breve de la mañana aprovechábamos para actualizarnos un poco sobre nuestras respectivas existencias. ¿Encontraste algo ya? No, es muy difícil. Es que no quiero irme a un cuartito sino a un minidepa. Tú has tenido suerte de encontrar esta casota.

Entonces ocurrió. Una noche que llegaba sin avisar, creo que me iba de viaje pero se me olvidó algo y tuve que regresar a la casa, o más bien regresaba de ese viaje antes de tiempo, no lo sé, la cosa es que al llegar encontré todo con las luces apagadas y dos voces femeninas murmurando en la penumbra que se formaba al fondo del pasillo, donde quedaba el cuarto de mi menuda amiga. No quise pecar de indiscreta, por un segundo pensé en que no debía inmiscuirme en su vida pero algo en el tono de voz de la otra tipa me hizo querer mirar hacia dentro, tenía que ver quién estaba ahí, quién estaba en el cuarto de mi huésped, en mi casa. Y era ella. La blasfema. La alucinada arti, la quimérica chica de vanguardia, la novia de mi ex.

¡Qué mierda haces acá conchetumadre!, fue lo primero que pensé en gritar, pero no le iba a dar el gusto de ver el gesto de furia en mi cara, ni la amargura en mis ojos.

-Disculpa, ¿qué hace ella acá?
-Gimena...-dijo la fugitiva con sorpresa.
-Ay, amiga, lo siento...
-Cuál lo siento, ¡cuál lo siento! cómo pudiste meter a esta... a mi casa, yo te acepté con toda la confianza y tú...
-Déjame que te explique...
-¿Así me pagas? ¿Metiendo a esta indeseable a mi propia casa?
-Es que la pobrecita no tenía a donde ir, tienes que entender, me lo pidió por favor, está mal, mírala, no tiene a donde ir.
-Lo siento, no puedo aceptar su presencia aquí, tú lo suponías, de hecho que lo suponías, por eso no me dijiste nada...
-Amiga, iba a ser por unos días nada más.
-Será mejor que te vayas. Las dos se tienen que ir. Pero tú primero. Ahorita, vamos, recoge tus mugrientas cosas y te me largas. Ahorita. ¡Ahorita!
-Gimena, amiguita, no te pongas así, piensa un poco
-No, que se vaya, ¡que se vaya inmediatamente!
-Está bien, dulce, ya me voy, no te hagas líos con esta, ya me voy, dulce.
-¡Cuál "esta"! ¡Cuál "esta" conchetumadre, estás pisando mi casa!

Y se armó el despelote. Se la tenía jurada, no me pude aguantar: era una deuda de años. Nos cogimos de los cabellos (casualmente ambas los tenemos largos), y nos fuimos al suelo mientras mi ex amiga, la menuda, gritaba e intentaba inútilmente separarnos. Con mis uñas largas le metía manotazos en la cara, ella me dejaba amoratadas las piernas con sus botas. La mordí, la arañé, el peso de mi cuerpo le ganaba porque era también menuda, como mi ex amiga... sí, las dos se parecían mucho con sus rizos castaños y su tez clara y su risita simpática y sus ojos vivaces. Eran muy semejantes. Como si fueran hermanas gemelas. ¿Qué es esto? Me puse de pie. La indeseable aprovechó mi distracción para sacar una correa de no sé donde y empezar a dar de latigazos, se había convertido en una especie de hidra horripilante con escamas por todo el cuerpo en lugar de piel y unos ojos rojos encendidos en llamas de puro ardor rabioso. Estaba muy molesta y se elevaba hacia el cielo apoyándose en su cola, para poder ganar altura. Comenzó a hablar el lenguaje gorgojeante que seguramente tendría el más espeluznante animal mitológico. Era una hembra muy muy molesta. Sin embargo yo la entendía claramente y escapaba de sus latigazos como si estuviera saltando la soga, así de fácil.

¡Qué culpa tengo yo de que el idiota ese te haya dejado y no tengas a donde ir! ¡Qué culpa tengo yo, frustrada de mierda, de que lo hayas convertido en tu vida y que ahora que estás sin él sientas que estás muerta! ¡Qué culpa tengo yo de que nunca hayas aprendido a estar sola!

El monstruo soltó el látigo después de mi última frase. Solo en ese momento pude ver que estaba llorando. En un par de segundos se esfumó por la ventana, tal cual si aconteciera en pasar una simple y sencilla brisa o ráfaga de aire.

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Tu amor es un sueño rancio
pero andar con el corazón destrozado
se ha vuelto en estos tiempos un estado natural
por eso, en función a, así, de acuerdo con, 
voy a desilusionarme de ti
ya, finalmente
mi alma descongela su paciencia
en pos a poseerte

Para este post con mil claves, desde el titulo hasta esta hermosa canción:

Autosuficiencia, de Parálisis Permanente :P

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